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11ª Etapa

David pudo con Goliat

David Zabriskie (Salt Lake City, USA, 1979) es un corredor extremadamente introvertido. Jamás entabla una conversión con ningún ciclista que no sea de su propio equipo, e incluso con ellos se muestra muy tímido. No es un tipo engreído o arrogante, como puedan pensar algunos, sino más bien lo contrario, un ciclista retraído y quizá algo huraño. Pero también es un ciclista muy bien dotado para su deporte, aunque hasta el momento, no haya dado muestras de ello en carreras de carácter internacional. En Estado Unidos le pronosticaron un gran futuro, cuando en 2000, con 21 años, ganó el Campeonato de contrarreloj de Estados Unidos, el G.P. de las Naciones para Sub-23 y fue cuarto en el Campeonato del Mundo contrarreloj. Incluso un año antes, se había impuesto en una etapa de Tour de Villamette corriendo con profesionales.

Quizá por su personalidad introvertida, y apoyado sin duda, por un talento natural, las mejores noticias que ha enviado Zabriskie siempre han sido en solitario. La mayoría de las veces en contrarreloj, y en algunas ocasiones, protagonizando largas escapadas, que hasta ayer nunca le correspondieron en la medida de su esfuerzo. Este año, sin ir más lejos, sus mejores puestos los obtuvo en la crontrarreloj de la Vuelta a Holanda, cuarto, y en la Vuelta a Bélgica, sexto. Y otra actuación que merece destacar es la largísima fuga que protagonizó en el Campeonato de Zurich, puntuable para la Copa del Mundo, junto con Carlos Barredo, debutante del Liberty Seguros.

Perfil de la undécima etapa

No parece que sea muy ortodoxo que un compañero de equipo del líder, Floyd Landis, ataque nadas más iniciarse la etapa. Lo más lógico es que todo el equipo esté pendiente del líder, pese a que en una etapa como la de ayer no haya nada en juego de cara a la clasificación General. Además, nunca está demás guardar fuerzas para etapas en las que el equipo tenga que solventar alguna situación complicada. De todas formas, la actitud de Zabriskie nos pueda dar alguna pista sobre la filosofía con la que afronta la Vuelta Ciclista a España el Us Postal. Ganado el Tour de Francia por sexta vez con Lance Armstrong, todo lo demás es un asunto secundario para el equipo americano. El objetivo está cumplido y los corredores absolutamente relajados, aunque ninguno se aleja del profesionalismo que impera en el equipo estadounidense. Es evidente, por tanto, que los corredores de Johan Bruyneel, gozan de una libertad absoluta para que cada uno pueda jugar su bazas.

Además del innegable mérito que tuvo el propio protagonista en su victoria, hubo otro incidente que sin duda tuvo una importancia vital para que su escapada tuviera éxito. La caída de Alejandro Valverde. El corredor del Comunidad Valencia-Kelme, sufrió una aparatosa caída en el kilómetro 7 de la etapa, nada más iniciarse la fuga de David Zabriskie. Ante la incertidumbre de lo que le había ocurrido al corredor murciano, el pelotón aminoró la marcha de una forma significativa. Valverde fue atendido por los médicos de un fuerte golpe en la espalada y el costado, y, le costó mucho tiempo integrarse al pelotón, que pacientemente y con una actitud que les honra a todos los corredores, esperó a una de las estrellas del ciclismo actual. Con todo ello, la ventaja de Zabriskie superó los veinte minutos, algo que parecía suficiente para que lograra la victoria más importante de su vida.

Lo logró pero le costó lo suyo, porque el pelotón, que se puso a tirar como un animal salvaje en busca de su presa a falta de 60 kilómetros, buscaba un esprint masivo. Las cualidades de contrarrelojista de Zabriskie y los consejos de Dirk Demol, segundo director del Us Postal, fueron de suma importancia en su éxito. Por una parte porque bien acoplado en la bicicleta siempre buscó una posición aerodinámica que supone una gran ventaja cuando se rueda en el llano. Y por otra parte, porque no cometió el error de la mayoría, que no es otro que vaciarse en los primeros kilómetros de la escapada para quedarse sin reservas al final y caer preso de la inevitable pájara. Zabriskie, sabía que si quemaba todo el glucógeno antes de la parte final de la etapa no podría mantener el ritmo que le permitiría llegar antes que el pelotón, y por ello, en los repechos aligeraba el desarrollo, aumentaba la cadencia e iba dejando algunas reservas parra los decisivos kilómetros finales.

Pese a tomar todo tipo de medidas suele ser poco probable burlar el control que ejerce el pelotón en este tipo de etapas, pero ayer, David pudo con Goliat.

Acceso a la Clasificación de la etapa

Acceso a la Clasificación General

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